“Crossfire” Vídeo-Instalación - Christian Marclay
SALA 1 (planta 1ª)
27 de octubre-27 de enero
Desde principios de la década de los 80, Christian Marclay ha desarrollado una prolífica obra, coherente y variadísima, a partir de la exploración de la fusión de las artes y las culturas visuales y sonoras, y la experimentación y transformación de éstas y con éstas, a partir de collages, performances, esculturas, vídeo-instalaciones y fotografías. En lo general, podría decirse que Marclay ha conseguido aislar y recomponer las imágenes, materiales y sonidos que utiliza en una obra interesada en la singularidad de los eventos que asume de éstos o que ingenia, en una obra centrada y absorbida por su propio ordenamiento, por su propio suceso, por su propia condicion, por su propio predicamento (sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo). Con todo, y paradójicamente, nunca podríamos decir que es una obra autorreferencial y, en ocasiones, hasta remite a situaciones sociales y políticas.
Marclay emprendió esas exploraciones en sus años de estudiante, y ya en 1979 realizó diferentes performances con los platillos giratorios de los tocadiscos. A principios de los 80 muchos le consideraban un epígono de Fluxus y se destacó con una serie de longplays de vinilo, “Recycle Records” (1980-86), que fragmentaba y recomponía luego para formar unos discos híbridos que al pincharlos reproducían música y sonidos con saltos, interrupciones, mezclas y, tonos abruptos y extraños. Pero Marclay vino a llamar la atención generalizada con su serie de “Body Mix” (1991-1992). Para esta serie el artista cosió diferentes fundas de discos, tanto de música clásica como contemporánea, para crear originales personajes y fantasmas musicales que en una suerte de “cadáveres exquisitos” surrealistas venían a transformar aquellas carátulas referenciales en extraños homenajes y, por lo tanto, en inventarios de la cultura musical de todos los tiempos.
Desde mediados de la década de los 90, Marclay ha venido ampliando los registros y medios de sus experimentos y collages de imágenes y sonidos. En 1995 realizó una de sus piezas más conocidas, “Telephones”, un vídeo donde el artista recogió y editó diferentes escenas de películas clásicas en las que los personajes realizan y responden a llamadas telefónicas para crear un ensamblaje visual y sónico del fracaso comunicativo. El vídeo “Guitar Drag” (2000), en cambio, nos muestra una narrativa aparentemente más simple: una Fender Stratocaster que arrastra una furgoneta por las toscas carreteras de los campos de Texas. Ciertamente, esta pieza subraya el constante interés del artista en la creación de nuevos sonidos y la relación de éstos con imágenes poco habituales
o inusitadas. Pero para quienes estén familiarizados con la sociedad norteamericana, esta imagen necesariamente nos recuerda el infame asesinato de James Byrd, un negro sureño que fue arrastrado hasta su muerte también desde una furgoneta. La obra que sin embargo vino a establecer la ingeniosidad y brillantez de Marclay fue “Video Quartet” (2002), una virtuosa vídeo-instalación sonora de cuatro proyecciones que compone el collage audio-visual más evocador y complejo del artista hasta la fecha, donde reúne más de un centenar de escenas del cine de Hollywood con actores y músicos que realizan sonidos y tocan instrumentos de todas clases.
Para “Crossfire” (2006), la elaborada y espectacular vídeo-instalación sonora de cuatro proyecciones que presenta en Centro Huarte, Christian Marclay vuelve a recurrir al cine comercial, como en los casos de “Video Quartet” y “Telephones”, pero esta vez para crear un experiencia vertiginosa –y a veces sobrecogedora– en torno a la presencia icónica de las armas de fuego en nuestra cultura visual. Como en las instalaciones anteriores, “Crossfire” es el resultado de la habitual selección, corte y enlace que caracteriza prácticamente toda la obra de Marclay. En este caso, a partir de más de cien películas, desde “Bonnie and Clyde” hasta “Boyz in the Hood”, el artista ha realizado una edición a partir de diferentes personajes –entre policías, gansters, vaqueros, detectives, delincuentes y soldados–que indistintamente enfundan sus armas, las empuñan o las disparan. La obra se despliega casi como una orgía desbocada y salvaje. En las primeras escenas presenciamos una suerte de precalentamiento fetichista, entre dedos que empujan balas en los cilindros de un revólver, dedos que acarician el cañón de un revólver, chaquetas que se abren para descubrir pistoleras con armas bajo las axilas… Cuando comienza la “música” incontrolable del tiroteo interminable, su violencia se desparrama por doquier con un ritmo deslumbrante e hipnótico que disminuye y se intensifica en un asalto continuo, que apenas permite al espectador sobreponerse a su perplejidad y a su delirante fascinanción. Marclay consigue simultáneamente proyectar la constante violencia a la que estamos expuestos, y el atractivo sexual con el que se construye esa violencia, aislando esas descargas de fuego de sus contextos narrativos originales, ignorando sus antecedentes y consecuencias, sus causas y efectos, sus protagonistas y sus víctimas, el poder que ejercen y la sangre que dejan a su paso, en una pieza vídeo musical que representa probablemente el logro más virtuoso de su carrera.
Christian Marclay nació en California en 1955, creció en Suiza y, hasta hace poco, vivió en Nueva York, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. En la actualidad vive y trabaja en Londres. Entre sus exposiciones más importantes destacan las individuales realizadas para el Moderna Museet, Estocolmo (2006), Barbican Art Gallery, Londres (2005), Seattle Art Museum, Seattle (2004), Tate Modern, Londres (2004), UCLA Hammer Museum, Los Angeles (2003) y el SFMoMA, San Francisco (2001)
Fuente: Amaya Lacarra
Centro de Arte Contemporáneo de Huarte-Navarra