APROPIACIONES. Mariano de Blas
Este artista, aficionado a los grabados y dibujos antiguos y a las alegorías mitológicas, superpone en sus cuadros una superficie de sedimentación ‘pictórica’. Hay en estos cuadros, sin duda muy trabajados iconológicamente, un juego con la idea de enigma, como cuando introduce la imagen de una mano, como si fuera una prueba de algún problema de física o, en otros términos, un truco de magia elemental, cuando en realidad los problemas son, principalmente, compositivos, sin que eso excluya una honda dimensión reflexiva que subraya la implicación de lo textual, sometida a la grandilocuencia de las formulas latinas escritas con una caligrafía de tintero que se aproxima a aquel esfuerzo cultural de Twombly (caracterizado como ‘pereza elegante’ por Barthes) sobre el informe territorio de las materias pictóricas, en este caso bajo un formato “frío”.
La sutileza, propia de la tonalidad irónica, sirve, en el caso de Mariano de Blas, como justa corrección frente a las derivas melodramáticas propias del gestualismo incontrolado o de una grandilocuencia teatral. Las superficies están presentadas como lugar del proceso, donde lo antitético está en sucesiva imaginería fragmentaria, en la que cabe lo anecdótico, lo existencialmente pregnante, o incluso lo extraño y lo monstruoso.
El arte ha evolucionado de lo topográfico a lo estratigráfico, del recorrido a la excavación. Por ello se articula a base de capas sucesivas, de discursos, citas y referencias, teniendo siempre presente que “el lenguaje lucha contra sí mismo”. En medio de esta cartografía, la pintura, como otras manifestaciones y lenguajes, puede aparecer silenciosa solicitando silencio Como “un silencioso bañista ondulante entre la inmensidad”, que diría Alcolea en “Aprender a nadar”. Se puede nadar sobre su superficie pero también bucear en sus capas de significados, como una sucesión de barnices, veladuras, pinceladas, incluso soportes.
La pintura ya no necesita ser una obra (cosa) de arte, pero puede pintar (i-maginar) el mundo y sus realidades con otras miradas (fabulación de la vista mediante un gesto que es actitud), mediante sus conocidos colores y formas, sin pudor a ser impura, mestiza y bastarda, pero nunca prostituida por equívocos compradores. Una característica propia de la pintura es la de su irrepetibilidad. La pintura no puede ser reproducida y menos aún clonificada . Esta propiedad puede constituirse en un “modelo de intención” en donde la pintura como obra reconstruya en ella “la existencia de un propósito o intención” (Baxandall), en donde sea una suerte de “máscara” que sirva de intermediaria entre una realidad propia inventada y el mundo normal. Porque ella puede enmascarar y desenmascarar al mismo tiempo.
Fuente: Opinarte