Un mundo de percepciones de luz, percepciones a las que hemos dado vida propia, a veces incluso nuestra identidad. Pero esos instantes ya no morirán, quedarán sellados en nuestra retina porque hemos creado una complicidad entre mirada e imagen.
El cuerpo, envoltorio del contenido, de la razón, seccionarlo o recomponerlo por medio de la ilusión; es la falsa realidad, no se puede tocar y tampoco puede sentir. Son los espejismos, imagenes que están, pero que no son.
Levita