La dimensión subjetiva y personal de la sexualidad, estrechamente atada a los ciclos regeneradores de la naturaleza es, sin duda, un fenómeno esencialmente humano y tiene su manifestación formal y conceptual en aquello que se llama «erotismo».
África es el continente donde existen más obras con motivos sexuales evidentes y manifiestos. Como ejemplo de belleza ideal se cuenta con la excepcional escultura conmemorativa de una princesa del Camerún (Musée Dapper, París).
Por su parte, América es un continente mucho más púdico en cuanto a su representación de la sexualidad, exceptuando la cerámica mochica del Perú, donde hombres y animales aparecen representados en todo tipo de posiciones sexuales.
Más metafórica e indirecta es la representación de la sexualidad en Oceanía, donde algunos de sus objetos no son aquello que imaginamos: así, una figura femenina Dilukai con las piernas abiertas no corresponde a ninguna figura de ofrecimiento sexual, sino a una «mujer primera» que, situada como se encontraba en el umbral de las casas, servía de bienvenida al visitante.
Desde las insinuaciones literarias hasta las formas metafóricas, el espectador será invitado no sólo a gozar estéticamente de una serie de objetos de una particular belleza, sino también a poner en cuestión, ante la contemplación y la explicación de las representaciones eróticas procedentes de culturas muy diversas, su propio concepto de sexualidad y erotismo.
Aquello que a los ojos de cualquier visitante occidental puede constituir un ejemplo de expresión fuertemente impregnada de erotismo, puede estar hablando de fertilidad, protección, ritos de iniciación o magia.
Fuente: Forum Barcelona 2004