El tiempo y el lugar cambian y entonces cambian también las referencias poéticas.
IMÁGENES DEL TRÁNSITO
Estos trabajos son a propósito de la situación en la que nos encontramos. Una situación que se caracteriza por la ubicuidad y la instantaneidad. Los medios y la tecnología nos permiten zambullirnos en diferentes realidades de manera casi simultánea. Es preciso que todo ocurra al momento y al mismo tiempo, deprisa, deprisa.
Este es el momento de la superabundancia de acontecimientos. Podemos conocer las noticias que están teniendo lugar en cualquier parte a tiempo real, y las usamos como bienes de consumo.
Es el momento del espacio ilimitado, el mundo al alcance de la mano. Los medios de transporte nos trasladan cada vez con mayor rapidez. La webcam nos acerca instantáneamente.
La modernidad ya no lleva asociada la idea de evolución como progreso. Las modas se superponen y tienen el mismo valor.
La historia se acelera. Las crónicas de la década recién vivida ya forma parte de esta historia que nos pisa los talones. Nuestra historia individual pasa a pertenecer a la historia colectiva. Deprisa, deprisa.
Imágenes del tránsito.
El exceso de espacio y de acontecimientos produce un distanciamiento de nosotros mismos. La expresión individual como vehículo del desahogo cae en desuso. Esta proliferación de referencias externas produce un efecto de rebote sobre nuestra piel y hace que signos y acontecimientos internos tengan poco interés y trascendencia en un mundo de la globalización.
La proliferación de referencias externas nos aleja de nosotros mismos y produce en nosotros un efecto de aislamiento. La expresión artística ha dejado de ser autoexpresión, si acaso ha pasado a ser una versión o visión de lo que acontece, sin pasar por el filtro visceral del artista.
Tenemos a nuestro alcance todas las distorsiones posibles de imágenes seleccionadas y manipuladas y se nos produce una mezcla de información y ficción que, aunque su tratamiento en los medios no sea idéntico, nosotros procesamos como un universo homogéneo.
He establecido vínculos con lo insignificante y frívolo. Los objetos y símbolos empleados tienen cada uno su particular historia mezclada con la nuestra.
La organización espacial responde a una planificación geométrica. Aparecen como espacios de flujo, en el que se distribuyen imágenes que están de tránsito y que son intercambiables, como los iconos que aparecen en las máquinas tragaperras al echar una moneda.
Todas las posibilidades visuales se materializan dentro de todas las combinaciones posibles, entrelazando las diversas historias que el dispositivo visual va proponiendo.
Todo se muestra disperso, fragmentario, caleidoscópico y descomprometido, y nos sitúa en un entorno donde las identidades y las relaciones no intervienen.
Fuente: Pilar Aladrén